Erpile nació de una necesidad observada en equipos de trabajo: la falta de método para ordenar información y coordinar acciones. Desde entonces, cada etapa ha respondido a esa misma inquietud.
2019
El primer paso fue un taller presencial sobre documentación de procesos para un grupo reducido de coordinadores. La asistencia fue modesta, pero los asistentes comenzaron a aplicar los mapas de flujo en sus propios proyectos y pidieron material de seguimiento.
2021
La demanda de material estructurado llevó a crear el archivo de recursos en línea. Se publicaron guías sobre gestión de tareas y ejercicios digitales. El acceso no requería registro, lo que permitió validar qué contenidos resolvían problemas reales.
2023
Con los casos simulados y el laboratorio digital, la academia dejó de ser un repositorio para convertirse en un espacio de práctica. Los participantes resolvían situaciones de coordinación y recibían retroalimentación sobre sus decisiones.
Hoy, los programas siguen el mismo principio: cada módulo se prueba con participantes antes de publicarse, y los ajustes se hacen con base en lo que ocurre en los talleres, no en suposiciones.